El blog de Nuria Vilela

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martes 12 febrero 2008

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La cláusula y la locomotora

Que los madrileños siguen ganando menos de mil euros, al menos la mitad de ellos, que las mujeres mayoritariamente menos de 800 y que los jóvenes hasta los veinticinco si ganan 600 se dan con un canto en los dientes. Esto es lo que viene a decir CCOO tras analizar los datos de la Agencia Tributaria. Mientras, la inflación se nos sube a la chepa, los productos básicos nos muerden el bolsillo y la vivienda sigue siendo un producto de lujo en este nuestro Madrid. Por cierto, que el sector agrario acaba de denunciar que en origen los productos han bajado pero que esto no lo ha trasladado el tendero de la esquina ni el del gran almacén ni el del super ni el del hiper. O sea que algunos se están lucrando a costa del consumidor. Ante esta situación, la cláusula de revisión salarial es la única garantía que tiene el trabajador para no acabar pagando los platos rotos de esta ecuación. Y somos nosotros, los sindicatos, los que nos tenemos que asegurar de que en cada convenio que se firme se incluye la cláusula, salvaguarda obrera ante la avaricia de algunos, el descontrol de otros o la coyuntura internacional, que parece que pilla muy lejos pero que luego te la encuentras dándote los buenos días en la pollería de la esquina.

Nos preguntamos qué dirá ahora la presidenta Aguirre. Si Madrid era la locomotora de España cuando las cosas iban bien, ahora de quién es la locomotora. No la vemos asumir ningún tipo de responsabilidad, ni decir esta boca es mía. Pero, ¿qué ha estado haciendo el Gobierno regional para preveer esta coyuntura? ¿Acaso ha puesto en marcha políticas de empleo, industriales o inversión en I+D+i que reforzara los sectores más productivos? O ha dejado que se levantara una economía de ladrillo, a golpe muchas veces de especulación y gracias a un ejército de inmigrantes mal pagados a los que ahora dicen hay que 'acostumbrar'? ¿A qué, a especular? ¿A abusar?

(Madrid Sindical Digital, 12 de febrero de 2008). Puedes ver la publicación aquí.

domingo 10 febrero 2008

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El Severo Ochoa y el lechero

Dice el doctor Montes que lo más grave que le ha ocurrido es la pérdida de confianza en los políticos. Efectivamente, la fractura de la confianza en las instituciones es lo peor que puede ocurrir en una democracia; el sentimiento de indefensión absoluta, de soledad total ante la sorda y brutal maquinaria del Estado cuando los controles no funcionan, quiebra todos los principios básicos de convivencia. Esa fractura en la confianza institucional la hemos vivido muchos en la piel de los profesionales del Severo Ochoa. No es la primera vez con el PP. El 11 M y su gestión se llevó por delante la inocencia política de muchos españoles. Con el doctor Montes y los profesionales del Severo Ochoa hemos descubierto que en este país a una persona se la puede denunciar de forma anónima, como en los peores momentos de nuestra historia, se la puede linchar públicamente y destrozarle la vida durante tres años y no pasa nada. Se la puede juzgar quebrando uno de los fundamentos de la Justicia en un Estado de Derecho que es que el acusado sepa quién le acusa y no pasa nada. ¿Dónde está la señora Aguirre? ¿Y Lamela? No pasa nada. Demos pues, rienda suelta a nuestras rencillas, a nuestras envidias, la veda de la denuncia anónima está abierta. Y luego, dejemos que políticos y jueces hagan el resto. Cuando al desgraciado le llegue la absolución nos habremos llevado por delante parte de su vida. Sin ningún coste. Y qué decir del papel que jugaron algunos medios de comunicación, La Razón, El Mundo, la Cope –qué curioso siempre los mismos- hablando impunemente, impúdicamente de asesinatos. ¿Y el papel del Colegio de Médicos? Con colegas así mejor no estar colegiado. Muchos son los que tienen que reflexionar tras esta sentencia. Pero es desasosegante pensar, que de madrugada, pueden llamar a tu puerta y puede que no sea el lechero.

(Madrid Sindical Digital, 29 de enero de 2008). Pincha aquí para ir a la publicación.